Estamos plenamente convencidos que nuestra alabanza no comienza a partir de nosotros mismos, sino del entendimiento y la plena convicción de que Cristo nos habita. Esto nos enseña que no alabamos para que Dios descienda, sino que lo hacemos porque Dios ha descendido y nos ha transformado, llevándonos a tener todos los días una vida de adoración y alabanza al Rey. La música solo es una expresión de la constante presencia del Espíritu Santo de Dios en nosotros. 

Te invitamos a disfrutar de letras que son el resultado del entendimiento y la iluminación que hemos alcanzado de lo revelado en Cristo.